El reno: criatura emblemática de Laponia
Seamos claros: ¡Laponia pertenece a los renos! Con unos 200.000 ejemplares viviendo en la región más septentrional de Finlandia, superan incluso a los humanos en número, con una diferencia de alrededor del 15 %. Los renos no forman parte únicamente de la naturaleza: forman parte de la vida cotidiana. Es habitual verlos cruzar carreteras, pastar tranquilamente en los bosques o participar en las actividades tradicionales de pastoreo junto a los habitantes locales. Su presencia marca el ritmo de la vida diaria y da a la región su carácter único. Sin duda, son los animales más emblemáticos de Laponia. Si estás planeando explorar su territorio, lo más justo es conocerlos un poco mejor. Buena noticia: este artículo es un excelente punto de partida.
Conociendo al reno de la Laponia finlandesa
Los renos pertenecen a la familia de los cérvidos, al igual que los ciervos, los alces y los uapitíes. Como todos ellos, tienen patas largas y esbeltas y pezuñas hendidas, perfectamente adaptadas a la vida en el norte. Las pezuñas de los renos son especialmente sorprendentes: en invierno se contraen y endurecen para ofrecer mayor agarre sobre superficies heladas; en verano se ensanchan y se vuelven más flexibles, facilitando el desplazamiento sobre terrenos blandos, musgo y tundra. Además, los renos son excelentes nadadores, una ventaja clave durante las migraciones estacionales.
No todos los renos de la Laponia finlandesa son iguales. Su aspecto y comportamiento varían según vivan en los paisajes abiertos de los fell del norte o en los extensos bosques que cubren gran parte de la región. Algunas zonas del extremo norte de la Laponia escandinava albergan renos llamados “nórdicos”, que se desplazan en grandes manadas y recorren largas distancias, aunque en Finlandia son relativamente poco comunes. La mayoría de los renos aquí son renos forestales semidomesticados, que se mueven en distancias más cortas y en grupos más pequeños. Suelen ser más esbeltos, con patas más largas y pezuñas más anchas, lo que les permite desplazarse con agilidad entre los árboles. Su pelaje también refleja su entorno: los renos nórdicos tienden a ser más claros y grisáceos para mimetizarse con paisajes abiertos, mientras que los renos forestales presentan tonos más oscuros, acordes con los bosques densos.
Adaptación a las condiciones árticas
Los renos son auténticos maestros de la supervivencia en el Ártico. Su cuerpo está diseñado para resistir el frío extremo, desplazarse por paisajes nevados y adaptarse al ritmo cambiante de las estaciones en Laponia.
Las astas: crecimiento, caída y renovación
Uno de los aspectos más fascinantes del reno son sus astas, extensiones óseas ramificadas que vuelven a crecer cada año. A diferencia de la mayoría de los cérvidos, tanto los machos como las hembras desarrollan astas. Los machos, sin embargo, tienen astas más grandes, que utilizan durante la época de celo. Tras el apareamiento, las pierden para ahorrar energía durante el invierno. Las hembras conservan sus astas más pequeñas a lo largo del invierno, lo que les permite escarbar en la nieve en busca de alimento durante la gestación. Las pierden después del nacimiento de las crías, en primavera.

El pelaje: una proeza de la ingeniería natural
El pelaje del reno es otra adaptación extraordinaria. Está formado por dos capas: un subpelo suave y denso, y una capa exterior de pelos largos y huecos. Estos pelos atrapan el aire, proporcionando un excelente aislamiento térmico, y permiten incluso que el reno flote al nadar. El color del pelaje también cambia con las estaciones, volviéndose más claro en invierno y más oscuro en verano. Gracias a estas ingeniosas características, los renos pueden vivir y prosperar cómodamente en las duras condiciones árticas de Laponia.

Entre la vida salvaje y la cría
En Laponia, los renos viven entre dos mundos. Su modo de vida oscila entre el de los animales salvajes y el de los animales de cría. Aunque se desplazan libremente por la naturaleza, la mayoría pertenece legalmente a un criador que vela por su cuidado. Este equilibrio entre la cría y la vida salvaje resulta esencial para su bienestar.
En verano, los criadores liberan a los renos en la naturaleza, donde recorren bosques y espacios abiertos con total libertad. Este periodo de independencia cumple un papel clave: estimula su actividad física, fortalece su musculatura y les permite acumular las reservas de energía necesarias para afrontar el largo invierno ártico. Sin esta movilidad constante, los renos podrían sufrir un exceso de grasa y una pérdida de vitalidad.

Incluso cuando recorren largas distancias, los renos rara vez se pierden. Cada animal lleva una marca única en la oreja, que permite identificarlo y gestionar los rebaños en extensos territorios. Hoy en día, algunos renos también llevan collares GPS, utilizados para seguir sus desplazamientos en tiempo real.
El invierno impone un estilo de vida muy diferente. Cuando la nieve y el hielo cubren el suelo, los renos se reúnen en rebaños para facilitar su vigilancia. La mayoría de ellos deambula por los bosques cercanos, donde escarban la nieve para alcanzar los líquenes. Los renos destinados al turismo, en cambio, permanecen más cerca de las granjas, en recintos vallados donde reciben cuidados diarios. Cuando la nieve se vuelve demasiado profunda o el hielo impide el pastoreo natural, los criadores complementan su alimentación con heno o líquenes para ayudarlos a superar los meses más duros.
La vida activa de los terneros comienza muy pronto. Apenas unas horas después de nacer, ya se mantienen en pie y se desplazan por sí mismos. Bajo la atenta mirada de su madre, empiezan de inmediato a adaptarse a la vida ártica.
En verano, los renos se alimentan de hierbas, plantas, hojas y setas. En invierno, su dieta se basa principalmente en líquenes, que extraen de debajo de la nieve con ayuda de sus pezuñas y astas. Otra característica fascinante es su capacidad para percibir la luz ultravioleta, lo que les ayuda a localizar alimento y detectar depredadores camuflados en paisajes nevados.
Encuentro inesperado con un reno: unas reglas sencillas
Si te encuentras con un reno en plena naturaleza, sigue esta regla básica: obsérvalo con calma y mantén la distancia. Aunque son animales curiosos, los renos tienen un temperamento nervioso; respetar su espacio garantiza tanto tu seguridad como la del animal. Guarda silencio, muévete despacio y resiste la tentación de perseguirlo o tocarlo, especialmente si se trata de una cría: su madre está muy cerca y solo tiene un objetivo en mente, proteger a su pequeño.
Presta especial atención a las astas, sobre todo durante el celo otoñal. En esta época, los machos se vuelven más territoriales e impredecibles, por lo que es mejor admirarlos desde lejos. Recuerda también que los renos son animales semisalvajes y deben abordarse siempre con la máxima prudencia, independientemente de la estación del año.
Si un reno cruza la carretera, ten paciencia. Estos animales se mueven despacio y los movimientos bruscos pueden asustarlos. Déjalos cruzar con seguridad y, si es necesario, utiliza las luces para advertir a otros conductores. Nunca pongas en peligro tu seguridad ni la del animal deteniéndote de forma imprudente o bloqueando el tráfico.
En caso de colisión, contacta inmediatamente con los servicios de emergencia (112 en Finlandia). Agentes especializados acudirán para examinar al reno y tomar las medidas oportunas. También te orientarán en los trámites del seguro si es necesario. Aunque los accidentes con renos son poco frecuentes, conocer las normas de actuación protege tanto a las personas como a los animales.
El reno: pilar de la cultura sami
Desde hace milenios, los renos han moldeado la vida humana en Laponia. Para los samis, pueblo indígena —antiguamente nómada— del norte de Finlandia, los renos servían como medio de transporte y marcaban el ritmo de la vida estacional. Su utilidad iba más allá de su existencia: tras su muerte, su carne, astas, piel y huesos proporcionaban alimento, herramientas y vestimenta. Las familias seguían a sus rebaños entre los pastos de verano e invierno y transmitían a sus hijos el conocimiento de la tierra y de los animales. Hoy en día, unos 80.000 samis viven en la región nórdica, y cerca del 10 % continúa criando renos, manteniendo viva esta tradición ancestral.
Los renos se cuentan entre los últimos animales salvajes en ser domesticados, un proceso que comenzó hace unos 3.000 años en Fennoscandia. Algunos relatos épicos samis explican el origen de estos animales y narran cómo unos permanecieron salvajes mientras otros aprendieron a vivir junto a los humanos. Una de estas leyendas cuenta la historia de dos hermanas, cada una con un reno. Cada noche, los animales regresaban junto a su dueña para recibir cuidados. Una de las hermanas mostraba dulzura y atención, mientras que la otra se comportaba con dureza. El reno maltratado acabó huyendo y nunca regresó. Según la leyenda, de él descienden los renos salvajes, mientras que los renos domesticados proceden del que fue bien tratado.

La influencia de los renos en la vida humana continúa hoy en día. Estas criaturas emblemáticas siguen marcando el día a día, tanto a través de la cría tradicional como de la cultura popular finlandesa —basta pensar en la imagen mágica del trineo de Papá Noel—. Aunque las prácticas de cría se han modernizado, los principios fundamentales siguen siendo los mismos: cuidado, observación y respeto. La historia cultural del reno no solo se lee en los libros; vive en los rebaños, en los paisajes y en la relación duradera entre las personas y el territorio de Laponia.
Ver a los renos de cerca
Símbolo indiscutible de Laponia, los renos fascinan a viajeros de todo el mundo. Para muchos, ver un reno por primera vez a lo largo de una carretera forestal, cerca de un pueblo o durante una excursión invernal es una experiencia inolvidable.
Para quienes desean un encuentro más cercano, numerosas actividades permiten aproximarse a estos animales de forma segura y educativa. Puedes pasear con un reno durante una caminata por el bosque, visitar una granja para conocer las tradiciones de la cría y alimentar a los animales, o disfrutar de un paseo en trineo por el bosque o bajo las auroras boreales.

Incluso fuera de las actividades organizadas, los renos siguen muy presentes en la vida cotidiana. Pastan en espacios abiertos, cruzan carreteras tranquilas e inspiran la artesanía local y las tiendas de recuerdos: un recordatorio constante de hasta qué punto estos animales han marcado la cultura y los paisajes de la región.
Con sus ingeniosas adaptaciones, su carácter apacible y sus profundas raíces culturales, el reno es sin duda el animal más emblemático de Laponia y uno de los símbolos más auténticos del invierno nórdico, junto a las auroras boreales y Papá Noel.
